viernes, 21 de agosto de 2009

Ni un privilegio para los desertores cubanos


Como cada vez que se da un episodio del estilo, la prensa pro-imperialista ha vuelto a utilizar la fuga de cuatro jugadores de la selección cubana de baloncesto para atacar a la revolución cubana y sacar a relucir la supuesta necesidad que tienen los cubanos de abandonar su tierra para encontrar un futuro mejor tanto en lo económico, como, sobre todo, en lo político. Georvis Elías Sayus, Grismay Paumier, Taylor García y Geofry Silvestre desaparecieron la noche del domingo de su concentración en el Hotel Dunas Las Canteras de Las Palmas de Gran Canaria, donde se hospedaba el conjunto caribeño mientras participaban en un torneo triangular que les enfrentó a la selección española de baloncesto y a un combinado de jugadores de Gran Canaria. Nada nuevo bajo el sol. Otro grupo de desagradecidos que aprovechan los privilegios que su propio gobierno les concede para dejar atrás su país y andar en busca del “sueño capitalista”. Eso sí, un viaje a España con avión pagado por el propio gobierno cubano, no vaya usted a pensar. Ahora andan pidiendo refugio político, que seguramente les será concedido.

Y no es que yo tenga nada en contra de que estos cuatro ciudadanos cubanos (por ende, inmigrantes ilegales según los cánones establecidos por el propio sistema capitalista) se queden en busca de un futuro en el interior de las fronteras del Estado Español, Dios me libre. Como migrantes que son, son bien recibidos. Eso sí, si se quieren quedar, nada de privilegios. Que sean tratados de la misma manera en que son tratados el resto de migrantes que llegan hasta el Estado Español. Cualquier otra cosa resulta intolerable.

Es decir, que se queden, pero que se queden en las misma condiciones que cualquier otro inmigrante “ilegal”. Demasiado ya que han venido en un avión pagado por su gobierno, y no se han tenido que jugar la vida en un cayuco o una patera como hacen la inmensa mayoría de los migrantes en todo el mundo cuando quieren dejar atrás sus países de origen para ir en busca de esos “paraísos capitalistas” donde, por cierto, no les dejan entrar tan fácilmente como suele ser el caso de cada cubano que decide abandonar su país por una u otra vía. Que se queden, que se queden aquí, pero, repito, sin ningún tipo de privilegio en su condición de migrantes. Que se queden y tengan que vivir como viven esos subsaharianos o esos marroquís que se juegan la vida en cada cayuco, en cada patera que llega hasta las aguas territoriales del Estado Español. Que se queden y tengan que soportar la explotación sin escrúpulos de algún aprovechado que los ponga a trabajar en una obra o un invernadero por tres pesetas hasta que ya no le interese más y después les dé una patada en el culo sin ningún tipo de finiquito o derecho a prestación social. Que tengan que soportar las redadas policiales en busca de "papeles", el racismo, la xenofobia, la exclusión social y la expulsión hacia barrios marginales y suburbios donde tener que vivir obligatoriamente con lo más granado del lumpen español, en fin, que se queden, pero que se queden teniendo que vivir todo eso que deben vivir a diario la inmensa mayoría de los inmigrantes que ahora residen de manera "ilegal" en España y que han salido huyendo de la miseria en la que se encuentran sus países "capitalistas". Y si no están cómodos, si tienen pegas por lo mal que les va la vida en esas condiciones, todavía pueden probar suerte en Italia, donde ya sí que van a vivir como reyes. Si se quieren quedar así, que se queden, pero otorgarles el estatus de refugiados y garantizarles una vida cómoda, más cómoda incluso que la de la inmensa mayoría de los trabajadores españoles, sería (es) una verdadera falta de respeto a todos aquellos migrantes que se juegan la vida para salir huyendo, de verdad, de la miseria en la que viven como ciudadanos pobres y sin expectativas de futuro en sus países de origen allá por África, Asia o ciertas zonas de América.

A diferencia de éstos pobres migrantes de tales países africanos, asiáticos o americanos, estos señores tienen en Cuba tienen lo que no tienen la inmensa mayoría de migrantes en sus países de origen: trabajo, comida, educación, formación y salud, todo gratuito, a costa del Estado Revolucionario. Mejor o peor, pero lo tienen. Con más o menos recursos y posibilidades, pero lo tienen. Los otros no pueden decir lo mismo. Es más, millones de personas en los países supuestamente desarrollados no pueden decir lo mismo. Mil veces merece antes la condición de refugiado un Senegalés, un Marroquí o cualquier otro migrante que huye de un país donde no hay nada de esto para los pobres, que éstos aprovechados de la vida. Esos sí que son verdaderas víctimas de un sistema político que los oprime, los anula en cuanto a su condición de seres humanos con supuesto acceso a Derechos Humanos inherentes, y los reduce a la condición de mera mercancía laboral que se alquila, se compra o se vende según los intereses económicos del momento en los países supuestamente desarrollados. Que incluso en sus tragedias y desgracias durante el proceso migratorio, demasiado frecuentes por otro lado, los deshumaniza y los deja sin rostro ni nombre (¿O acaso alguien dice alguna vez en algún medio de comunicación el nombre de alguna de las personas muertas en las innumerables tragedias que se dan en el intento de los migrantes de estos países pobres por llegar hasta el paraíso capitalista?). Esos sí que deberían ser considerados por derecho refugiados políticos, no éstos traidores que huyen como ratas de aquel país que les ha dado todo a pesar de las muchas carencias económicas que tiene desde hace tantas décadas. Y si estos traidores cubanos se quieren quedar, que se queden como un inmigrante más, como un inmigrante “ilegal” más. Cuando sepan cómo es la vida para el inmigrante ilegal en estas tierras, igual hasta deciden volver a Cuba. Claro que entonces el gobierno cubano debería deportarlos a Senegal, Marruecos, Camboya o Mali, y dejarlos allí en las condiciones en las que viven los pobres de aquellos países, para que aprendan a valorar lo que tienen en Cuba.

Ni un privilegio para los traidores cubanos. O se abren las fronteras para todos los marginados y exiliados políticos del mundo, especialmente para los que salen huyendo de la peor forma de marginación posible: la pobreza endémica y el hambre, o para nadie. Porque el tema es curioso. Si sales huyendo de la "dictadura" cubana, te abren las puertas en todos lados. En EEUU incluso tienen una legislación específica para ello. Ahora bien, si sales huyendo de Honduras, Haití, Panamá, México, Marruecos, Senegal, y demás países capitalistas, todo son trabas y más trabas, y si te pillan en el camino o una vez ya dentro del territorio occidental, te deportan. Para colmo nos quieren hacer ver que los que no tienen libertad son los cubanos al no poder salir de su país cuando les plazca. En cambio, al poner muros o vayas en las fronteras de los países occidentales, al tener que jugarse la vida en una patera, un cayuco, apiñados como ratas en algún rincón de un barco casi sin aire, o al cruzar un desierto sin agua ni alimentos para poder llegar hasta los países occidentales porque a través de sus fronteras no te dejan entrar libremente, lo llaman libertad. De qué le sirve al Mexicano poder salir libremente de México sino luego en EEUU no lo dejan entrar. De que le sirve al Marroquí, al Senegalés, o cualquier Africano, Asiático o Americano poder salir libremente de su país si luego en España, Italia, o cualquier otro país occidental no lo dejan entrar. Esto dando por hecho de que se les permita en efecto salir libremente de sus países cuando quieren migrar, que no es el caso. Pero el discurso oficial, el que se aprenden de memoria todos los necios que deambulan por los foros de los diversos medios de comunicación que han publicado la noticia de la fuga de estos cuatro traidores, es ese: No poder salir de un país donde tienes cubiertas por ley tus necesidades básicas y donde te dan al menos los fundamentos necesarios para poder desarrollarte como ser humano en el mundo (educación, sanidad, formación, trabajo, vivienda, etc.), es una muestra inequívoca de falta de libertad, de dictadura. Poner vallas y muros, llenar las fronteras de militares, obligar a los empobrecidos del mundo a jugarse la vida para entrar en un determinado país porque legalmente no puede hacerlo, es lo más de lo más en cuestión de libertad y de democracia.

A las personas, como siempre, a esas que se juegan la vida en el mar, a esas que viven en la miseria en el 80% de los países del mundo, a esos que se ahogan sin remedio en la inmensa mayoría de África, Asia o América Latina, a esos que darían todo lo que tienen, incluso la vida, por tener asegurado todo lo que ya tienen asegurado los cubanos, a esos, a esos que sufren las consecuencias de un sistema político y económico injusto e inhumano y que se ven por ello obligados a migrar en busca de una oportunidad que en sus países de origen les es negada por norma, a esos que les den por el culo. No son nada, no son personas. Son simples migrantes, migrantes ilegales. Los traidores cubanos, en cambio , ya son algo, son refugiados, que no es lo mismo, ni mucho menos, que ser un inmigrante ilegal. Porque huir de la “dictadura” cubana, donde tienen comida, trabajo, educación, sanidad y respeto como seres humanos, es mucho más heroico y valiente, y, sobre todo, mucho más necesario existencialmente para el migrante, todos lo sabemos, que huir de la miseria, la pobreza, el hambre, la marginación, la falta de educación, sanidad, trabajo y demás carencias en derechos fundamentales de las personas con las que tienen que convivir a diario los ciudadanos Africanos, Asiáticos o Americanos que una vez deciden migrar son tratados como perros por los mismos gobiernos y ciudadanos que en cambio tratan como héroes a los traidores cubanos que usan los propios recursos del Estado para dejar atrás a su propio pueblo en su lucha por la supervivencia y la justicia social. Malditos hipócritas.

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