miércoles, 25 de agosto de 2010

Protocolo de guerra

Protocolo de guerra

Patricia Lombroso
Il Manifesto

Traducido para Rebelión por Juan Vivanco


«El vídeo de la organización informativa Wikileaks que causó impacto en todo el mundo hace tres meses, en el que se ve cómo tres compañeros míos, pilotos de un helicóptero Apache, matan a 12 civiles y dos periodistas en Bagdad aquel 12 de julio de 2007, sigue, ni más ni menos, el protocolo militar impartido por el alto mando y el Pentágono que deben ejecutar sin titubeos los soldados, que lo han aprendido durante un lento y minucioso adiestramiento para matar. También civiles. Las matanzas como la de esta misión en particular se denominan fríamente colateral murder».

Esta es la escalofriante revelación que ha hecho a Il Manifesto Josh Steiber, que sirvió en Iraq en 2007 y ahora es objetor de conciencia y uno de los muchos soldados de «Iraq Veterans Against the War», organización a la que se incorporó después de su experiencia militar. Steiber estaba destinado en Bagdad y era miembro del mismo batallón del ejército de tierra y compañero de los pilotos del helicóptero Apache que mató a los 12 viles iraquíes y dos periodistas, tal como se ve en el vídeo de 38 minutos. No es más que un fragmento de la enorme cantidad de documentos que Wikileaks ha entregado al New York Times, The Guardian y Der Spiegel, hasta ahora desconocidos, que ya se han comparado con los «papeles del Pentágono» (de Daniel Ellsberg) con testimonios recogidos en Vietnam. En la entrevista que nos ha concedido, Josh Steiber -como hicieron en su día los soldados de «Winter soldiers» durante la guerra de Vietnam- revela al mundo su macabra experiencia. Que en realidad no difiere de la de cualquier soldado en una guerra, ya sea en Iraq o en Afganistán.

En 2007 usted estaba destinado en Bagdad, en misión de combate. ¿Qué recuerda del llamado collateral murder que se ve en el vídeo de 38 minutos de Wikileaks?

En efecto, yo estaba en el mismo batallón militar del ejército de tierra el día de la misión durante la cual los dos pilotos del helicóptero Apache mataron a 12 civiles, entre los que había niños, y a dos periodistas, como se aprecia en los 38 minutos de audio y vídeo de Wikileaks. Esto, naturalmente, ha causado escándalo, pero no el suficiente como para poner la guerra en cuestión.

¿Conoce usted a los dos pilotos del helicóptero que, como se oye en el vídeo, cuando ven al tanque pasar por encima del cuerpo sin vida de la niña iraquí, gritan: «así aprenderán esos cabrones a llevar niños a la guerra»?

No. aunque pertenecía al mismo contingente de tierra, aquel día estaba arrestado y tuve que quedarme en la base, pues me había negado reiteradamente a cumplir las órdenes de la misión y no tenía intención de matar a iraquíes inocentes, como tampoco habría matado a estadounidenses inocentes.

¿Cómo describiría este ataque de los militares a la población civil iraquí desarmada?

He mirado con atención los 38 minutos del vídeo y creo, o espero, que serán un revulsivo para la opinión pública estadounidense: un revulsivo sobre las consecuencias y el horror de la guerra, que produce monstruos dispuestos a matar. Aunque lo que voy a decirle no responde a mis valores morales, como objetor de conciencia querría añadir esto: el vídeo muestra que los pilotos actuaron tal como se les había enseñado. Esas son las horribles consecuencias de nuestro entrenamiento para matar y, como todas las reglas militares, constituyen un protocolo que debe ejecutarse «meticulosamente». Es la cruda realidad y merecería al menos un debate sobre las circunstancias que generan las monstruosidades derivadas de la decisión de desencadenar la guerra.

¿Podría explicarlo mejor?

Las reacciones de repulsa que ha habido en todo el mundo ante los vídeos divulgados por Wikileaks que muestran matanzas de civiles en Iraq, así como las reacciones generadas por lo que ocurre en Afganistán, están sobradamente justificadas. De todos modos, espero que esta clase de informaciones vayan realmente al fondo del problema, al sistema de decisión adoptado en los más altos niveles militares y políticos. Los soldados, más o menos mentalizados, son enviados al frente con un mensaje: ayudar a la población. Pero luego, merced a una pérdida progresiva de sensibilidad, se transforman. En realidad les han enviado a invadir otro país y les han instrumentalizado para un objetivo imposible de lograr. La razón por la que yo, como muchos otros, estamos contra la guerra, es que he podido comprobar personalmente que mandamos hipócritamente al frente a unos jóvenes imbuidos de ideales ilusorios, pero al mismo tiempo les preparamos para matar a la población civil.

¿Cómo explica las justificaciones públicas del Pentágono, que llama «daños colaterales», inevitables en cualquier misión de guerra, a estas matanzas nada excepcionales?

El Pentágono siempre omite que el adiestramiento impartido a los soldados y las reglas militares transmitidas a los soldados antes incluso de partir al frente de guerra, así como las órdenes que reciben, implican unas técnicas y prácticas que deben ejecutarse sin titubeos ni cargos de conciencia. Lo que les piden va de una simple detención a la práctica de disparar y matar sin piedad.

¿Cuánto tiempo dura la instrucción básica, tanto física como de condicionamiento psicológico, que reciben los soldados enviados al frente?

Dura unas 16 semanas intensas y continuas. Luego la instrucción y los ejercicios continúan en la base militar, hasta que llega el momento de ir al frente.

¿Significa que os adiestran hasta que seáis capaces de matar impunemente?

Si. El Pentágono, después de una serie de estudios e investigaciones científicas, se ha ocupado de la psicología de los soldados para que estén siempre listos para matar, porque el número de muertes causadas se ha considerado insuficiente. La diana, que antes era un simple círculo, se sustituyó por fotos y vídeos de personas virtuales en continuo movimiento. Con este lento procedimiento se consigue que el soldado esté dispuesto a disparar contra cualquiera que le parezca una amenaza, al que de inmediato identifica como un enemigo. En el frente el estado de alerta es permanente y sólo piensas en que un movimiento equivocado puede poner en peligro tu vida. Y sucede que este exceso de reacción te lleva a matar también a civiles.

¿Qué técnica emplea el sistema de protocolo para lograr que los soldados se vuelvan insensibles?

Durante los ejercicios, mientras marchábamos, teníamos que cantar en voz alta, repitiendo las letras de dos canciones que casi nos dictaban los jefes.

¿Quiere repetirnos las letras de estos cánticos de instigación a la violencia?

Le daré un ejemplo: «Fui al mercado donde las mujeres van a comprar comida / Saqué el machete y empecé a cortarlas en pedazos». Y luego sigue: «Fui al parque donde los niños van a jugar / Saqué mi ametralladora y empecé a disparar a lo loco contra los niños». Esto también formaba parte del adiestramiento de los pilotos estadounidenses del helicóptero Apache que disparó contra los civiles.

Pero a estos soldados no los han procesado, mientras que al soldado que entregó el vídeo a Wikileaks sí...

Porque hicieron lo que el Pentágono esperaba de ellos.

Fuente: http://www.ilmanifesto.it/archivi/fuoripagina/anno/2010/mese/08/articolo/3278/