domingo, 11 de marzo de 2007

Tras la sentencia de la Corte Internacional sobre Bosnia
Las mentiras de los vigilantes
John Laughland
The Guardian
Traducido por Yulaima Favier Horruitiner y revisado por Yasnay Houelly Pérez

Slobodan Milosevic fue exonerado póstumamente el lunes, cuando la Corte Internacional de Justicia decidió que Serbia no fue responsable de la masacre ocurrida en Srebrenica en 1995. El ex-presidente serbio siempre afirmó que ni Yugoslavia ni Serbia tenían el control del ejército serbobosnio, lo que ahora ha sido confirmado por la Corte Internacional, radicada en La Haya. Por consiguiente, no puede responsabilizarse a Serbia por ningún otro crimen de guerra que se atribuya a los serbobosnios.
Las imputaciones en contra de Milosevic con relación a Bosnia y a Croacia fueron urdidas en 2001, dos años después de que fuera acusado por el Tribunal Penal Internacional para la antigua Yugoslavia (ICTY por sus siglas en inglés) durante el ataque de la OTAN a Yugoslavia en 1999. A pesar de las atrocidades cometidas en todo Kosovo, las afirmaciones de la OTAN de que Serbia estaba cometiendo un genocidio resultaron ser una propaganda belicista, por lo que el fiscal del ICTY decidió reforzar el caso -para el que no existían suficientes pruebas- tratando de involucrar a Milosevic en el caso de Bosnia también. Transcurrieron dos años y 300 testigos fueron interrogados, pero la fiscalía no pudo conseguir pruebas concluyentes contra su principal acusado; de ahí que ahora su caso principal se haya ido a bolina definitivamente.
La Corte Internacional de Justicia (ICJ por sus siglas en inglés) sí condenó a Serbia el lunes por no haber tomado medidas para evitar lo sucedido en Srebrenica, tomando en cuenta que Belgrado no usó su influencia sobre el ejército serbobosnio. Pero eso es poca cosa en comparación con las acusaciones iniciales. La inocencia de Serbia en cuanto a la acusación principal se evidencia en el fallo del tribunal que establece que Serbia no debe pagar ninguna indemnización a Bosnia, pues avituallar a un ejército no es lo mismo que controlarlo. Yugoslavia no tenía tropas en Bosnia, por lo que seguramente los países que sí las tenían son más culpables en las matanzas cometidas, sobre todo el batallón holandés que estuvo en Srebrenica. Por otra parte, durante la guerra en Bosnia, importantes figuras del mundo occidental confraternizaron a las mil maravillas con los mismos líderes serbobosnios que ahora están acusados de genocidio. Entre ellos se encuentran el General estadounidense Wesley Clark y nuestro compatriota John Reid. ¿Debemos condenarlos a ellos también por no haber ejercido su influencia?
No obstante, el fallo del pasado lunes no tiene que ver solamente con Milosevic. Desde el fin de la Guerra Fría, los Estados Unidos y sus aliados han actuado como vigilantes, y se han adjudicado el derecho de bombardear a otros países en nombre de la humanidad. La guerra en Kosovo fue la acción más importante que se llevó a cabo bajo este principio y, de hecho, fue la antesala de la guerra en Iraq. La guerra en Kosovo, al igual que la guerra en Iraq, se llevó a cabo sin la aprobación de la ONU, y se libró en parte porque la comunidad internacional sentía que debía haber intervenido más enérgicamente contra Yugoslavia por el asunto de Bosnia. Ahora resulta que, después de todo, Serbia no tenía el control de Bosnia. Por lo anterior, el fallo del tribunal echa por tierra un decenio y medio de mentiras que justificaban la doctrina del intervencionismo militar y judicial.
De hecho, la filosofía del ICJ en torno a las relaciones internacionales es completamente diferente de la que promueve el ICTY. A diferencia de este último, el ICJ no es un tribunal penal y no pretende tener la potestad de coaccionar a los estados. Su jurisprudencia se basa en la filosofía antibelicista y defensora de la soberanía que promueven el Tribunal de Nurenberg y la Carta de las Naciones Unidas. Según el sistema internacional, nacido de la Segunda Guerra Mundial, la guerra es ilegal excepto en casos excepcionales. Ningún estado tiene derecho a atacar a otro, ni siquiera en defensa de los derechos humanos. Esta postura se sustenta en la convicción de que no existen crímenes de guerra si no hay guerra y de que la guerra siempre empeora las cosas.
Fue pura anarquía lo que se desató a escala mundial cuando terminó la Guerra Fría y los Estados Unidos intentaron crear un sistema mundial unipolar por medio de la destrucción del anterior. Después de la guerra en Iraq en 1991, los Estados Unidos y Gran Bretaña esgrimieron el argumento de que tenían derecho a bombardear a Iraq para proteger a los kurdos y a los chiítas, lo cual hicieron durante 12 años. La OTAN bombardeó a los serbobosnios en 1995, y a Yugoslavia en 1999. El ICTY, creado en 1993, opera sobre la base de esta doctrina intervencionista que ha conllevado consecuencias horrendas como las masacres en Iraq y Afganistán.
Creado y controlado por las Grandes Potencias, el ICTY, al igual que su homólogo para Ruanda y el nuevo Tribunal Penal Internacional, corrompe el proceso judicial por razones políticas, de las cuales la más importante es apoyar el supuesto derecho de los Estados Unidos a actuar como el policía del mundo. Al parecer, el nuevo Tribunal Penal Internacional (ICC por sus siglas en inglés), creado por Gran Bretaña, también supone que los blancos no cometen crímenes de guerra, pues sus fiscales están investigando dos guerras locales en África, mientras se hacen los de la vista gorda ante la situación de Iraq. Solo cuando se logre debilitar esa horrenda fuerza que emana de la hipocresía del intervencionismo, el mundo tendrá la oportunidad de retornar a la legalidad y a la paz.
____________________________John Laughland es el autor de Travesty: the Trial of Slobodan Milosevic and the Corruption of International Justice (Una farsa: el juicio de Slobodan Milosevic y la corrupción de la justicia internacional). Se le puede escribir a: jlaughland@btinternet.com. Yulaima Favier Horruitiner y Yasnay Houelly Pérez pertenecen al Equipo de Traductores de Cubadebate y Rebelión.