domingo, 6 de abril de 2008

Y aquí, enmudecidos de placer


Un motor llamado UNEAC; por Carlos Tena


inSurGente.org



Un motor llamado UNEAC

Carlos Tena


El 7º Congreso de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba, que finalizó este pasado viernes en La Habana, ha sido ante todas luces y cámaras, voces y emisoras de radio, diarios y gacetas, un enorme ejemplo de coherencia y fuerza motriz en tiempos que siguen siendo difíciles, porque el enemigo del norte (y Europa mirando al firmamento) no ceja en su empeño de continuar bloqueando a la isla más culta del mundo, e incluso a los propios ciudadanos estadounidenses que quieren comprobar in situ esa suerte de mentiras que se vierten desde hace 50 años acerca de la compleja realidad del país.

Jamás, en ningún otro territorio del orbe terráqueo, los hombres y mujeres implicados en esa tarea llamada cultura, se han reunido tantas veces con la alegría y responsabilidad política y social (además de la propia, llámese arte plástico, cine, literatura, teatro etc.), sabiendo que existen corrientes y opiniones diversas sobre la función que el papel que las ciencias y las artes tienen en una sociedad convulsa, necesitada, pero orgullosa y cierta de su independencia y libertad.

Provoca sonrojo y vergüenza ajena imaginar cuándo, como y dónde, se han reunido en tareas semejantes los hombres y mujeres españoles, relacionados con la cultura, para meditar, debatir y hablar sobre cuál es el estado de la nación en cuanto a ese tema se refiere. Da pánico pensar en el resultado, que tal vez por sabido, es la prueba más fehaciente de la inutilidad manifiesta de esos intelectuales pactistas, panzistas, asalariados de Falsimedia, cuya actividad social más habitual es el cóctel o el estreno, en el que los medios de comunicación harán un dineral mostrando el último modelo que lucen los artistas de cine o teatro, los llamados “famosos”, esos bochornosos personajes surgidos de la basura televisiva, entregada en papel de regalo por inteligentes personajes, afortunadamente en vías de extinción, como Javier Sardá o Ana Rosa Quintana, amén de sus apóstoles, hermanos de leche, parásitos y demás fauna de la cultura hispánica.

Hace más cinco años, intelectuales, artistas y millones de gentes anónimas, salieron a las calles de Madrid, Barcelona, Gijón o Sevilla, en respuesta al belicismo esgrimido por ese delincuente llamado Jose Maria Aznar. Pero la guerra y la muerte continúan manchando las ciudades de Irak, de Afganistán, o de la antigua Yugoslavia; los muertos se cuentan ya por cientos de miles, mas los españoles, espoleados antes por medios de comunicación, actores y pensadores, ya no ocupan las plazas y parques, callejuelas y paseos. Han quedado enmudecidos de placer. Zapatero ha colmado sus sueños de democracia.

La UNEAC ha dado nuevamente una lección de eficacia, responsabilidad e inteligencia, valentía y oportunidad, debatiendo abiertamente sobre los problemas que aún tiene el país, muchos de ellos derivados de una situación única en la historia. Ninguna sociedad hubiera resistido algo semejante, de no ser por la inmensa inteligencia y cultura de este pueblo ejemplar, de su alegría al combatir la necesidad, de la picaresca para resolver cualquier situación, de su capacidad inagotable de imaginación ante la adversidad que suponen las toneladas de mentiras que se arrojan sobre el desde el farisaísmo, hipocresía y doble rasero que practica Falsimedia.

Los artistas y escritores cubanos, con tesis y soluciones del más variado tipo, con opiniones contrapuestas y antagónicas a veces, han vuelto a dar una conferencia magistral, mostrando al llamado primer mundo (en detritus y heces diversas) que la palabra y la cultura, el diálogo y el debate, deden ser el principal motor de una nación.

En España, la solución a todos los problemas pasa por el palo, la porra, la tortura, la violencia, la mentira y el sufrimiento generalizado. Pero paradójicamente, en ese inmenso limbo, hay millones de jóvenes que aseguran estar en el mejor de los mundos. No es extraño, porque España sigue siendo el país donde mejor y más se suele mentir. España es una enorme falacia, y como aseguraba Valle Inclán: “Es una deformación grotesca de Europa”. Allá no existe una UNEAC, ni ganas de organizarla, que es aún más triste. Eso sí, una AIA (Alianza de Intelectuales Anti imperialistas), lucha de forma continuada, para que los que dicen que utilizan el pensamiento, lo hagan realmente, denunciando el neofranquismo que ensucia el territorio de la península ibérica, encarnado en unas Cortes seudodemocráticas, que pisotea los sueños de verdadera libertad, a la que entregaron su vida personalidades como Dolores Ibárruri, Federico García Lorca, Miguel Hernández, Rafael Alberti, Telesforo Monzón, Lluis Companys, Blas Infante y todos los combatientes del bando republicano.

La cultura y la ciencia sólo funcionarán cuando rujan dos motores: El de la III República y el de la independencia total de Euskadi, Catalunya y Galiza. Y los Borbones, babeando en el destierro, que es donde deberían vivir hace muchos años.



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